Broken

Rota, sin más, en mil pedazos.

Una amargura convaleciente habita en mi estómago; arde cuando río y se enfría cuando lloro. Se come mis sonrisas y las transforma en pequeños suspiros de dolor, sin querer que se noten, me río. Río bien fuerte para que nadie lo vea, río dulcemente para tentar a la suerte y ver si a ti te gusta. No me miras, no lo notas. Río y cuanto más río más duele. Lloro y cuanto más lloro me ahogo.

Me dicen que soy una chica feliz, el positivismo en persona. Es porque no conocen ni mi mundo frío ni mis aterrorizados miedos, sino no me lo dirían… No saben de ellos porque yo no les dejo, me asusta, creo que no van a quererme entonces. Por eso río y río fuerte y así nadie se entera. Nadie se entera de esta lucha interna que poco a poco se me lleva; se me lleva lejos, lejos de aquí.

La historia se repite y la lucha deja de ser novedad para pasar a ser rutina. Dejo de comer, pruebo con la fruta, no tomo postre mas la congoja vuelve y vuelve y vuelve. Vuelve cuando me dan un trozo de chocolate paseando o cuando aparece en la mesa un dulce que no debería estar. Vuelve, siempre vuelve. Y escuece. Me llama y me devora, no me puedo resistir.

Luego, viene lo peor, me miro al espejo y dudo. Dudo de mi valor, dudo de mi misma y dudo de mi cuerpo.

Y decido no comer, pero no funciona y de nuevo vuelve a repetirse esta historia.

Y la amargura no se va, sigue en mi estómago, arde, invade mi mente, la inunda. Y todo se apaga, lo bueno se marcha y nos quedamos ella y yo a solas. A ver quien puede más, a ver quien es más fuerte. Ella gana. Maldigo entonces esta soledad, esta falta de besos que soy incapaz de llenar, porque no se, no se pedirlos y si no esta ella, mi luz, nadie me los da. Y ya no soy rosa ni abeja ni iluminada. Mi Ana Somriures se marcha lejos y yo me quedo. Llorando, a veces, pensando, otras. Sufriendo, todas.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *