Un jueves, 17 de diciembre de 2020 al mediodía, mientras preparo quinoa con verduras.

Querida Ana,

Te ecribo esta carta para cuando estés un poco triste. Quiero decirte que al final todo sale bien.

Esta semana he tenido un pequeño ataque de ansiedad, he llorado de cansancio y he dormido demasiado poco. Ha sido agobiante, todo el conjunto; los exámenes, el estudio, el sueño. Pensaba que no saldría de esta, pero es jueves y estoy bien. Mañana tengo la última prueba y la encaro con optimismo. He sabido pedir ayuda a mis amigas, he sabido decir que no a algo que no me nutría, me he priorizado a mi en vez de los demás por una vez en la vida, he aceptado que no podía más. Y estoy bien,

Esta mañana he dado un paseo. Me he comprado un bocadillo de tortilla y un postre japonés para comer en casa. Al principio me sentía mal por gastar tanto, pero luego he llegado a la conclusión que el dinero debe correr y que ya volverá a mi multiplicado. Hacía sol, no demasiado, lo justo. La gente parecía contenta, la Navidad se acerca y se nota.

Esta semana he descuidado mi cuerpo, he comido fatal y me noto hinchada y rellena. Está bien. Para futuras ocasiones recuerda que el azúcar no es la solución. Sin embargo, ámate aunque lo tomes, a veces cuesta tenerlo todo en equilibrio.

Y, sí, todo pasa y nada permanece así que vive momento a momento. Como la comida que estoy preparando ahora mismo, en nada estará ya en nuestros estómagos y está bien. Como la luna, como las estaciones, como la tierra misma: girar, cambiar, fluir y poner atención a todo ello. Así que, bonita, si hoy estás triste, acepta tu tristeza. Siente tu tristeza. Ama tu tristeza. Abrázala. Si hoy estás triste, permítetelo, porque todo pasa, y esta tristeza está aquí para decirte algo. Llora, límpiate por dentro y por fuera. Vas a estar bien, te lo prometo.

te amo,

ana

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